Cada cierto tiempo aparece un trabajo que adelanta miles de años la construcción de la Gran Pirámide, y cada cierto tiempo conviene sentarse a mirarlo con calma en vez de despacharlo con un resoplido. Este merece el rato, porque la idea de partida no es tonta.
La firma Alberto Donini, ingeniero italiano vinculado a la Universidad de Bolonia. Propone datar el monumento por el desgaste de su propia piedra, con un método de creación propia que llama de erosión relativa.
La idea, que tiene su gracia
En la base de la pirámide hay losas de caliza que llevan a la intemperie desde el principio. Y hay otras que estuvieron cubiertas por el revestimiento exterior hasta que este se desprendió, tras el terremoto que sacudió El Cairo en 1303. Esas segundas llevan expuestas unos 675 años.
Si mides cuánto se han gastado unas y otras, tienes dos puntos: un desgaste conocido en un tiempo conocido, y un desgaste mayor en un tiempo por averiguar. Regla de tres y ya está.
De ahí le sale una media de 22.916 a. C. Es decir, Paleolítico superior.
El número que desmonta el titular
Junto a esa media, el propio trabajo publica su margen: con un 68,2 % de confianza, la construcción estaría entre el 36.800 y el 8.900 a. C.
Ese intervalo tiene veintisiete mil novecientos años de anchura. Y no es un detalle técnico que se pueda dejar en una nota al pie: un resultado que abarca casi veintiocho milenios no está datando el monumento, está midiendo la imprecisión del método. Cualquier fecha que se elija dentro de esa horquilla es igual de defendible, incluida la que acepta la egiptología.
Por qué la piedra no sirve de reloj
El método asume que la caliza se gasta a un ritmo constante. No lo hace. La erosión depende del agua, del viento cargado de arena, de los ciclos de temperatura, de la contaminación del aire —que en El Cairo no es la misma hoy que hace tres siglos— y de la composición concreta de cada bloque, que varía de una cantera a otra y dentro de la misma cantera.
Y hay algo más gordo: el norte de África no ha tenido siempre este clima. Hubo un periodo en que la región recibía lluvias regulares y el Sáhara era verde. Una losa que pasa milenios bajo lluvia no se desgasta como una que pasa milenios bajo sol seco. Proyectar hacia atrás el ritmo de desgaste de los últimos 675 años, que han sido de clima árido, hasta hace veinticinco mil, es exactamente la operación que los datos no permiten.
Lo que hay al otro lado
Conviene recordar contra qué compite esta propuesta, porque no es contra una tradición ni contra una fecha escrita en un libro.
En 2013, la misión dirigida por Pierre Tallet, de la Sorbona, encontró en el puerto de Wadi al-Jarf, en el mar Rojo, un conjunto de papiros. Entre ellos, el registro diario de un inspector llamado Merer, fechado en el año 27 del reinado de Keops, que anota el trabajo de su cuadrilla transportando bloques de caliza desde las canteras de Tura hasta Guiza. Es un parte de trabajo, no una crónica heroica.
Están además las marcas que las cuadrillas dejaron con pintura en las cámaras de descarga, sobre la Cámara del Rey, con el nombre de Keops. Y está el poblado de los constructores excavado junto a la meseta, con sus panaderías, sus restos de comida y sus enterramientos.
Para sostener la fecha del estudio habría que explicar cómo una civilización del Paleolítico superior —sin agricultura, sin escritura, sin metalurgia y sin cerámica— levantó el monumento, y por qué veinte mil años después unos egipcios se dedicaron a escribir partes de trabajo sobre una obra que ya estaba allí.
Lo que sí queda
El trabajo no ha pasado revisión por pares, que es donde estas cosas se ponen a prueba antes de llegar a un titular. Con eso dicho, la observación de partida sigue siendo interesante: en la base de la pirámide hay superficies con historias de exposición distintas, y eso es material para estudiar cómo se degrada la caliza en ese entorno concreto. Como estudio de erosión puede dar algo. Como cronómetro, no.
De dónde salen los datos
Las cifras del trabajo —la media de 22.916 a. C. y el intervalo del 68,2 % entre el 36.800 y el 8.900 a. C.— y la descripción del método son las que ha difundido su autor, Alberto Donini, y las que han recogido los medios que lo han cubierto. El trabajo no ha pasado revisión por pares.
Los datos del otro lado son de excavación publicada: los papiros del puerto de Wadi al-Jarf, hallados en 2013 por la misión dirigida por Pierre Tallet, de la Sorbona, y fechados en el año 27 del reinado de Keops; las marcas de cuadrilla halladas en las cámaras de descarga; y el poblado de los constructores excavado junto a la meseta de Guiza.
