Sí. En 2016, un equipo del Politécnico de Milán, la Universidad de Pisa y el Museo Egipcio de El Cairo analizó la hoja por fluorescencia de rayos X. Midió un 10,8 % de níquel y un 0,58 % de cobalto en peso, una proporción que el hierro fundido a partir de mineral no alcanza y que coincide con la de los meteoritos metálicos. Se discute todavía quién forjó la daga y dónde lo hizo, no de qué está hecha.
Howard Carter la encontró en 1925 entre las vendas de la momia, junto al muslo derecho del rey. Tiene una empuñadura de oro rematada en cristal de roca y una vaina también de oro. Durante décadas se sospechó que su hierro venía de un meteorito, porque la hoja apenas tiene óxido y además el hierro era un metal rarísimo en el Egipto de la dinastía XVIII (Tutankamón reinó aproximadamente entre 1332 y 1323 a. C.). Hasta 2016 nadie lo había medido.
¿Cómo se sabe que el hierro vino de un meteorito?
El estudio lo firmaron Daniela Comelli y sus colegas en Meteoritics & Planetary Science (doi:10.1111/maps.12664). Usaron un espectrómetro portátil de fluorescencia de rayos X, una técnica que no toma muestra ni daña la pieza: bombardea la superficie y lee la radiación que devuelve cada elemento. El análisis se hizo dentro del propio museo.
La clave está en el níquel. El hierro metálico que cae del espacio es una aleación de hierro y níquel, casi siempre con más de un 5 % de níquel y con cobalto en una proporción bastante fija. El hierro obtenido en el horno a partir de mineral terrestre sale con muy poco níquel. La hoja de Tutankamón queda de lleno en el rango meteorítico.
El equipo comparó además la composición con la de los meteoritos catalogados en un radio de 2.000 kilómetros alrededor del mar Rojo. El más parecido era Kharga, un meteorito metálico recuperado en el desierto occidental egipcio en el año 2000. El artículo habla de una composición compatible y no afirma que la hoja salga de ese meteorito concreto. Esa diferencia se pierde a menudo al contar el estudio.
¿Qué datos hay sobre la daga?
| Dato | Valor | Fuente |
|---|---|---|
| Hallazgo | 1925, entre las vendas de la momia | Diarios de excavación de Carter |
| Longitud total | 34,2 cm | Comelli et al., 2016 |
| Níquel en la hoja | 10,8 % en peso | Comelli et al., 2016 (XRF portátil) |
| Cobalto en la hoja | 0,58 % en peso | Comelli et al., 2016 |
| Meteorito de composición más parecida | Kharga (Egipto) | Comelli et al., 2016 |
| Forja | En frío o a baja temperatura, por debajo de unos 950 °C | Matsui et al., 2022 (mapas de XRF en dos dimensiones) |
| Adhesivo de la empuñadura | Posible yeso de cal | Matsui et al., 2022 |
¿Qué se ha averiguado sobre cómo se fabricó?
En 2020, un equipo del Instituto de Tecnología de Chiba dirigido por Takafumi Matsui volvió al Museo Egipcio con un equipo de fluorescencia que dibuja mapas de la distribución de cada elemento. Publicó los resultados en 2022, en la misma revista (doi:10.1111/maps.13779).
En la hoja aparecieron restos de las estructuras de Widmanstätten, el entramado de láminas de hierro y níquel que se forma en el interior de un meteorito cuando se enfría durante millones de años. Si el herrero hubiera calentado mucho el metal, ese entramado habría desaparecido. Que queden restos indica una forja a baja temperatura, por debajo de unos 950 °C. El metal se golpeó y se fue dando forma sin llegar a fundirlo, que es lo que cabe esperar de un artesano que trabajaba una masa ya metálica y no sabía reducir mineral de hierro.
¿Se hizo en Egipto o llegó como regalo?
Esta es la parte que sigue abierta. El equipo de Matsui encontró partículas ricas en calcio en la zona donde se une la hoja con la empuñadura y las interpretó como restos de un yeso de cal usado como adhesivo. En Egipto, según el mismo trabajo, ese material no se generaliza hasta la época ptolemaica, más de mil años después. Por eso proponen que la daga se fabricó fuera del país.
Para señalar el origen recurren a las cartas de Amarna, la correspondencia diplomática en cuneiforme de los faraones de mediados del siglo XIV a. C. En la carta EA 22, Tushratta, rey de Mitanni (en el norte de Mesopotamia), enumera los regalos que envía a Amenhotep III, abuelo probable de Tutankamón. Entre ellos figura una daga con hoja de hierro y empuñadura adornada con oro. La hipótesis es que la pieza llegó como regalo diplomático y se guardó como reliquia de familia hasta el entierro de Tutankamón.
Lo demostrado es el origen meteorítico del metal. La forja a baja temperatura es probable. La procedencia de Mitanni es una hipótesis razonable, pero se apoya en dos inferencias indirectas: la identificación del adhesivo y la correspondencia entre una pieza concreta y una línea de un inventario. Otros especialistas advierten que la carta EA 22 describe más de un arma de hierro y que la cronología del uso de la cal en Egipto tiene huecos.
¿Qué significa «hierro del cielo»?
Los textos egipcios usan la palabra bjꜣ para el hierro y, a partir del siglo XIII a. C., la expresión bjꜣ n pt, «hierro del cielo». El equipo de Comelli propuso que el término nuevo indica que los egipcios sabían que ese metal caía del cielo. Es una lectura plausible, aunque discutida. Bjꜣ tenía también un sentido de «maravilla» o «prodigio», y el cielo egipcio se imaginaba como una bóveda de metal, así que la expresión también podría ser religiosa y no el registro de haber visto caer un meteorito.
El dato arqueológico apunta en la misma dirección que el lingüístico. Las cuentas de hierro de Gerzeh, de hacia 3200 a. C., también son meteoríticas: lo mostró en 2013 un equipo del University College de Londres con microscopía electrónica y tomografía. En 2017, Albert Jambon analizó objetos de hierro de toda la Edad del Bronce, del Próximo Oriente a China, y todos eran de origen meteorítico. Durante casi dos milenios, el hierro que se trabajó en esta región vino del espacio.
¿Por qué el hierro valía más que el oro?
Porque no había forma de obtenerlo salvo encontrando un meteorito. Las tablillas de los mercaderes asirios de Kanesh, en Anatolia (siglo XIX a. C.), tasan el hierro llamado amutum en torno a cuarenta veces su peso en plata, cuando el oro se cambiaba por unas ocho. Siglos después, en las cartas de Amarna, el hierro seguía apareciendo junto al oro entre los regalos entre reyes.
La tumba de Tutankamón encaja con esa escasez. Además de la daga, guardaba un pequeño reposacabezas amuleto y dieciséis cinceles en miniatura de hierro, todos pequeños. Para entonces el hierro ya empezaba a fundirse a partir de mineral en Anatolia. Pasarían todavía unos siglos, ya en la Edad del Hierro, hasta que ese proceso lo abaratara lo suficiente como para dejar de ser un metal de reyes.

